(Williams Shakespeare)
"Puedes esquilar la oveja muchas veces, pero quitarle la piel, sólo una"
(Roberto Ibiricu)
Si existiera un organismo oficial competente, si de verdad existiera uno de esos organismos, al que uno se dirigiera rutinariamente, cuando no estuviese de acuerdo con una Sentencia, con un juez o abogado, y en lugar de mirar por encima las formas, analizaran realmente deteniéndose en el comportamiento profesional de un juez o abogado de forma imparcial y absoluta, Roberto Ibiricu no habría sido ingresado en prisión.
Lo dijo siempre y lo sigue diciendo; como sigue diciendo que jamás encontró esa eficacia imparcial, aunque sí el áurea de la suspicacia corporativista que todo lo puede, para mal de la razón y de la verdad.
¿Cuánto vale una vida, y quién la sopesa y valora...?
¡Qué valor real se da al compañerismo, a la entrega de la labor bien hecha y a los latidos de la conciencia!
¡A que dios adoran los que juzgan, y hasta matan en su nombre, porque... a ese dios no le conoce nadie más que ellos...!
Si un juez piensa, y lo que piensa es ley de leyes por encima del pensamiento de los demás seres humanos... ¡Quién juzga al juez que su pensamiento es valorado de forma rutinaria como perfección de perfecciones cuando la realidad de los hechos nos deja ver y nos asegura que, algunos avergüenzan a la propia vergüenza y, así y todo nunca pasa nada...!
¡Desde luego no pasa, lo que siempre le pasa al justiciable!
Y eso, ¿por qué? ¿Porque pertenecen de forma inequívoca a la Luz del Más Allá, a una raza de perfección que no puede ser jamás puesta en duda...? ¿Que no son seres humanos, sino una especie de raza superior, poco menos que dios a conveniencia o, porque tienen dieciseis cojones que no hay calzoncillos a nuestro nivel que puedan guardar tanta grandeza indiscutible...?
Nada. Para tranquilizar a los insatisfechos, a los afectados, tan sólo hay que decirles que otro juez será quien se encargue de mirar a los ojos del compañero, nada sospechoso porque sólo ellos son grandes y decentes, para diferenciarles de los "incompetentes" y "macarras", para decir en última instancia, quién es quién.
Y antes de que lo digan, algunos ya han adivinado lo que los maravillosos van a decir, claro.
¡Al fin y al cabo, qué más da que uno, de los de a pié, muera. Son tantos, y se reproducen tanto que, no se verá la diferencia...! ¡Una mancha de mora con otra mora se quita!
Siempre hubo clase, pero sólo entre ellos... Por eso son lo que son: dioses, y todos los demás, diablos, hasta que no demuestren lo contrario y... ¡como no les dejarán jamás demostrarlo..., pelillos a la mar, y a joderse, y en silencio para que los dioses no se ofendan! ¡Que son muy sensibles y delicaditos...! ¡Que siempre tienen razón, aunque no la tengan; por eso son dioses, caramba...!
¡¡¡Huy, qué felices somos los de a pié... Somos tan felices, y estamos tan agradecidos a los dioses que, no sabemos qué hacer con tanta felicidad y agradecimiento!!!
Si se topan con una mosca cojonera, no la maten; puede que sólo sea la reencarnación de alguien que murió en el intento por conseguir justicia, y sólo busque una caricia, o tal vez alguien que le mire con ojos de esperanza y ecuanimidad.
¡Que los dioses se apiaden de los inocentes, porque los otros ya gozan de todos sus favores, de por vida!
